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Durante los últimos años, la medida estructural más utilizada para controlar el gasto en medicamentos han sido los precios de referencia. Esta herramienta tiene un efecto inmediato en el gasto medio por receta (y por tanto en la factura), y aunque mantiene su eficacia absoluta a lo largo del tiempo, su eficacia relativa se pierde en el plazo de un año. A falta de conocer el contenido del nuevo Plan Estratégico de Política Farmacéutica (PEPF), la apuesta de alguna comunidad por un sistema de precios por equivalentes terapéuticos podría sostener la tesis de que el ahorro conseguido por el SPR no es suficiente ante el actual panorama presupuestario. Pero esta medida sólo alimentaría la espiral de precios a la baja que, como se pone de manifiesto en los últimos años, no es capaz de contener la factura. Se imponen medidas para frenar el consumo, el verdadero responsable de la factura. Así lo pone de manifiesto un análisis realizado por EG tomando como referencia las cifras de gasto desde 2003. Desde ese año, el gasto en medicamentos público ocasionado por las recetas en el SNS ha crecido un 39,88 por ciento. Si se analizan las diversas variables se puede comprobar que no se sostiene la tesis de las comunidades que achacan su gasto exclusivamente a su incremento poblacional, pues ni aún si se habla de población protegida salen las cuentas. Indudablemente, es un factor que tira de la receta, pero no el único, ni puede que el más importante. Entre 2003 y 2009 el número de recetas facturadas creció un 32,23 por ciento. Mientras, la población protegida lo hizo sólo en un 7,28 por ciento. Pero si se atiende al número de recetas por persona, el crecimiento se sitúa en el 23,26 por ciento en estos años, pues pasó de 16,87 recetas per cápita en 2003 a las 20,38 registradas el año pasado. Unas cifras que contrastan con el crecimiento del gasto medio por receta: solo un 5,78 por ciento. Líneas paralelas Si se salvan estas excepciones, desde el año 2005 el sistema de precios de referencia, junto con las bajadas lineales de 2005 y 2006, siempre ha tenido controlada esta variable en un entorno del 2 por ciento. Y ante este crecimiento controlado, pero positivo, el comportamiento del gasto también ha sido siempre el mismo: por encima y en paralelo del crecimiento de las recetas. Ante un descenso en el incremento de consumo como el que se registró a lo largo del año 2008 o en 2009, la tendencia del crecimiento del gasto se redujo. Consumo ajeno a la crisis Cabe pensar, de la línea continuista que se espera del nuevo PEPF que el Ministerio de Sanidad utiliza de nuevo el gasto medio por receta como elemento básico de contención de la factura de medicamentos. Pero la crisis hace necesario poner en marcha políticas y medidas que contengan el verdadero motor de crecimiento del gasto: las recetas. Y aunque el crecimiento de la factura se ha contenido con el paso de los años, la realidad se impone. De esta forma, en los dos últimos ejercicios las autonomías se han visto obligadas a apretarse cada vez más el cinturón a la hora de repartir el dinero anual. Pero el consumo farmacéutico es ajeno a la crisis y todavía sube.
Es fácil imaginar, por lo tanto, al igual que ya ocurrió en 2009, que muchas comunidades tendrán que hacer frente de nuevo este año a créditos extraordinarios para pagar un capítulo que suele presupuestarse de una manera demasiado optimista. Según la Fadsp, un crecimiento del gasto en medicamentos por encima de los presupuestos sanitarios supone que se detraen fondos para otros campos de la atención sanitaria y que se produce un crecimiento porcentual del peso del gasto en medicamentos sobre el total del gasto sanitario.
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